El señor Robinson ese fin de semana no se despegó de mi niño, lo complacía en todo, yo sin desatender las cuestiones de la universidad, en cuanto estaba libre me unía a ellos.
Mi niño está feliz, el señor Robinson le compró muchos juguetes, cada vez que salía y en cuestión de minutos regresaba con un juguete.
La señora Isabella se mantenía callada, pero siempre con esa mirada enigmática.
No tardó en meterse en la cocina, para preparar sus platos, esto lo hizo bajo mis regaño