CAPÍTULO 89 Manipuladora
La sala de visitas de la cárcel no tenía nada de humano a pesar de la limpieza.
Era fría y gris.
Con ese silencio raro que no era paz, sino control y encierro.
Natalia Píriz estaba sentada al otro lado de la mesa metálica, con la espalda recta, las manos apoyadas una sobre otra, intentando sostener una imagen que ya no le pertenecía. Las esposas le apretaban las muñecas, y aun así intentaba mantener esa postura altiva, como si todavía tuviera el control de algo que y