CAPÍTULO 258 La iglesia
La iglesia estaba llena de flores blancas.
No demasiadas.
Solo las justas para que el lugar pareciera vestido de domingo, de promesa y de familia reunida.
Ofelia entró del brazo de Lissandro con Lorenzo en su cochecito. El bebé llevaba un conjunto blanco, delicado, con una manta suave que Julieta le había regalado para la ocasión.
—Está perfecto, mamá —le había dicho Ofelia.
Julieta, con los ojos brillantes, había vuelto a tocarle el borde de la manta.
—Sí. Perfec