CAPÍTULO 236 Amar sin competir
Los días pasaron con una tranquilidad que Lissandro había llegado a creer imposible.
No porque la vida se hubiera vuelto perfecta.
La perfección nunca le había parecido real.
Pero la casa ya no respiraba sobresaltos.
No había llamadas urgentes a mitad de la noche.
No había abogados enviando documentos cada pocas horas.
No había miradas tensas sobre la mesa ni silencios cargados de miedo mientras Alessandra jugaba sin entender demasiado.
Había desayunos con