CAPÍTULO 168 Lo que ya no quiero esconder
Las horas pasaron lentas ahora en la tranquilidad de que no había secretos entre ellos.
Ella estaba más tranquila.
Débil todavía, pero tranquila.
Lissandro se había encargado de todo desde que ella despertó.
La ayudó a sentarse cuando le trajeron algo liviano para comer.
Le sostuvo el vaso de agua.
Hasta le sopló la sopa porque todavía le temblaban un poco las manos.
Y cada vez que ella intentaba decir que podía sola… él la miraba serio.