Yo comencé a sentirme mareada; de pronto, todo comenzó a dar vueltas. Sentía que estaba a punto de desmayarme, y Luis José fue el primero en notarlo. Enseguida se acercó a mí, tratando de sostenerme.
— ¿Qué tienes, Ana Paula? ¿Te sientes mal? —preguntó.
— ¡No la toques! —exclamó Guillermo—. Es mi esposa, y yo puedo encargarme de ella.
— Pero yo soy médico y puedo atenderla, cosa que dudo puedas hacer tú —respondió Luis José.
Guillermo lo miró furioso. Se sentía impotente porque no podía alejarm