Ana Paula se plantó enfrente de ella y le dijo llena de coraje:
— ¿Cómo tienes el descaro de venir a pedirme algo así después de que por tu culpa mi matrimonio se destruyó?
— Señora Ana Paula, yo lamento que las cosas hayan pasado de esa forma; pero con todo respeto, si Luis José de verdad la hubiera amado no le hubiera sido infiel ni conmigo ni con ninguna otra mujer.
— ¡Cállate! ¡Pero qué insolencia de tu parte decirme eso! ¿Qué sabes tú de lo que era nuestra relación? Teníamos