—Mira que hermosa.
—¡No la toques! —gritó con fuerza—. Escúchame tengo millones de dólares, puedo dárselos ahora, ¡Serán muy ricos justo ahora!
Los hombres se miraron entre sí y se alejaron
—¡Oigan! ¡Violeta!
—¡Estoy aquí! —gritó asustada
—Dime que estás bien.
—Estoy… estoy bien, pero tengo miedo…
—¡Escúchame, mi amor, no tengas miedo! Juro que te salvaré, juro que estaremos bien.
Violeta temblaba, lloraba, tenía los ojos vendados, igual que Sebastián, no podían verse, estaban dándose la