Rori caminaba sin rumbo, sentía una decepción golpear su corazón, un auto manejaba a su paso, y el sonido de un claxon resonando lo alertó, cuando levantó la mirada, era Betty Ramos quien estaba en el auto
—¿Por qué caminas tanto? Vamos, sube —dijo la maestra, Rori sonrió y asintió, subiendo a su lado, pronto manejó
—No quiero desviarla.
—No lo harás, ¿Qué te pasa? Te ves triste —dijo la mujer
—Nada, ya sabe, solo un mal día.
—No me hables de usted, por favor, haces que me sienta muy vieja,