Harper sentía pánico ante la idea de entrar en el ascensor. Había jurado que nunca más se sometería a una tortura como la que sufrió hora atrás. Su cuerpo se resistía con todas sus fuerzas a dar un paso más.
Brake la observaba en silencio, sin saber qué decir.
—Qué horror —susurró Harper al fin—. No puedo pasarme la vida huyendo de los ascensores, ¿o sí?
—No en Østerbro—le dijo él con una sonrisa.
Eso fue suficiente para animarla a seguir.
—Vamos, Harper —se dijo, y pulsó el botón de llamada co