—No suelo hablar de erecciones con nadie —se defendió Harper, sintiéndose incómoda.
—Qué pena —susurró Padme—. Son el ingrediente esencial de las mejores conversaciones. Sigue, querida.
La castaña tomó aire.
—Cuando nos besábamos, noté su dureza contra mí, y mi deseo se esfumó. Así, sin más. Después de lo que me hizo Mark, eso me trae malos recuerdos.
—Nunca me has hablado de Mark —dijo su mejor amiga con delicadeza—. ¿Qué ocurrió entre ustedes? Siempre he sentido que hay algo que no me cuentas