Rafael saludó a los clientes más habituales con un movimiento de cabeza, y a los nuevos con un apretón de manos. Aquellos que conocía sabían que era su manera de ser.
Muy expresivo no era, por lo que en cuanto se aburrió de otra noche igual subió al segundo nivel donde vio que en unos minutos darían las nueve. La tormenta no se veía con intención de detenerse.
Hacia algo de frío, hasta para él que le gustaba el clima así, prefirió ponerse un gabán que lo mantuviera abrigado.
Vio a las chicas