Aunque el mareo no la hacía perder la consciencia, sus piernas parecían haberse vuelto de plomo, imposibles de controlar. Quería moverse, quería alejarse de ahí, pero su cuerpo no le respondía.
En ese momento, justo antes de haberse desplomado, Marco había aparecido. Pareció casual, como si simplemente estuviera de paso; sin embargo, la coincidencia resultaba inquietante.
Era extraño que él llegara precisamente en el instante en que Elena había leído aquel mensaje de amenaza. Pero ella estaba d