La mirada de Marco se volvió aún más fría, mientras asentía en silencio. Algo en su expresión reflejaba una aceptación macabra.
—Bien —asintió Marco, como si estuviera de acuerdo con ese asesinato. —Te lo dije antes, Elena… —Su voz sonaba como un eco distante y peligroso, lleno de convicción. Al escuchar su nombre en ese tono, Elena alzó la vista, cruzando sus ojos con los de él—. Este mundo no era para ti. Si pensabas permanecer, debías ser astuta y, lo más importante, fuerte.
Elena sintió el