Esa noche, Giovanni cruzó la puerta de la habitación sin aviso, encontrando a Elena en el momento justo en que se disponía a ponerse su camisón.
La sorpresa la dejó estática; con la respiración entrecortada, sintió cómo el calor subía por sus mejillas mientras sus brazos se cruzaban instintivamente sobre su pecho, apenas cubierto por la ropa interior.
—Giovanni… —murmuró, apenas consiguiendo pronunciar su nombre mientras lo miraba con una mezcla de desconcierto y expectación.
Él no respondió.