La puerta principal se abrió antes de que llegaran a ella, revelando a Verónica, quien los esperaba con una sonrisa falsa que no alcanzaba a iluminar sus ojos.
—Elena, querida hija —saludó Verónica, con una voz empalagosa que a Elena le resultaba nauseabunda—. Qué gusto verte de nuevo. Giovanni, bienvenido. Estamos tan emocionados de tenerlos aquí.
Elena apretó los labios y asintió, evitando el contacto visual con su madrastra. Giovanni, sin embargo, no estaba dispuesto a mostrar ni una pizca d