Por la tarde, Elena había terminado sus tareas del día, asegurándose de hacer todas las indicaciones que la cocinera principal de la casa le mando. Había sido una jornada agotadora, pero mientras guardaba los utensilios, el hambre empezó a rondarle. Recordó que más temprano había pedido permiso para disfrutar de una merienda, un pequeño postre que le había estado antojando. La cocinera, una mujer que siempre era estricta, le dijo que tendría que ganárselo, y en su mente aquello fue casi una in