El chef, apoyado contra la encimera de la cocina, se cruzó de brazos, lanzando una mirada astuta a los empleados que se agrupaban alrededor suyo. La tensión era palpable. Entre murmullos, discutían la próxima cena, que debía impresionar a los invitados de Giovanni esa misma noche. Pero el chef tenía algo más en mente. Al ver la oportunidad de humillar a Elena, decidió jugar sus cartas con astucia.
—Así que la señora quiere cocinar —murmuró con una sonrisa llena de desdén, su tono lo suficientem