Giovanni la miraba con una intensidad que hizo que el tiempo pareciera detenerse. Sus respiraciones pesaban en el aire entre ellos, llenando el espacio con una tensión palpable.
Elena lo observaba a través de sus ojos entrecerrados, sin comprender del todo el torbellino de emociones que veía en su esposo. La sonrisa despreocupada en sus labios, un vestigio del alcohol que todavía circulaba en su cuerpo.
—No tienes ni idea de lo que estás diciendo —gruñó él, su voz baja y controlada, pero había