Camille no sabía que decirle, quería reconfortarlo, pero a la vez, supuso que a él no le iba a gustar.
—¿Tuviste miedo ahí dentro? —le preguntó él, cuando subieron al auto que los llevaría de regreso al cuartel general del Sindicato.
—Lo tuve, pero sabía que me ibas a proteger —respondió ella con una sonrisa.
—Y lo haré siempre, no dudes nunca, que daré mi vida para protegerte.
—Espero que nunca estemos en esa situación. —La sonrisa que dibujaba sus labios, murió. Solo de imaginar que él tuvier