Darius sintió el metal empujando su piel y una carcajada de burla hacia él mismo dejó salir a través de sus labios. Se había dejado sorprender por aquella mujer.
—Sé que no vas a matarme —se mofó, seguro de lo que decía.
—Desde que dejaste a Zara como un cobarde, sucedieron muchas cosas, entre ellas, que sé disparar con mucha precisión. ¿Quieres probar que tan buena es mi puntería? —le dijo ella con ironía.
—Mis hombres te matarán, a tu hijo también —Él intentó infundirle miedo.
—Antes de que e