Antes de llegar al lobby del hostal, Camille recibió otro mensaje. En él, le señalaban una dirección y le ordenaban ir sola. Si sospechaban que había llamado a la policía, matarían a su hijo. Ella no había considerado esa opción, no tenía tiempo que perder. Volvió a revisar el arma, se aseguró de que estuviera cargada y que no tuviera ningún problema para disparar. Bajo la mirada llorosa y atenta de Bárbara, subió al auto que su padre le prestó. Puso las coordenadas en el GPS, tomó una respirac