El corazón de Dania late acelerado, y, es posible que hasta el causante de ello lo sienta sobre el pecho.
―Y ahora, ¿qué opinas sobre mí? ―preguntó Esteban, sin alejarse de ella.
―Este... yo... ah, la comida se ha quemado por tu culpa. ―dice la chica y corre.
―¡Dania!
―Auch, se quemó por completo, por favor vete y deja que vuelva a cocinar, de lo contrario no habrá desayuno para nadie.
Ella habla sin saber lo que dice, pues, la estufa ni siquiera está encendida y ella aduce que la comida se le