CAPÍTULO — “Fundación”
Mía entraba a la fundación con Kevin como si ese lugar fuera su otra casa.
No caminaban como visitantes. Saludaban por nombre. Sabían dónde estaban los guantes, dónde guardaban los parches infantiles, dónde se atascaba la puerta del consultorio dos cuando había humedad.
Querían curar.
Eso era claro.
Kevin soñaba con perfeccionarse como su padre. Mía soñaba con especializarse en oftalmología. Soledad, que alternaba entre medicina clínica y pediatría en su cabeza,