CAPÍTULO 91 — Perdóname
La puerta de la sala de espera se abrió con suavidad. Parecía que incluso el hospital comprendiera que ese momento exigía cuidado y silencio.
Betina entró primero, con el abrigo mal cerrado y el rostro desencajado por la ansiedad. El miedo se le notaba en cada gesto. Detrás de ella venía Teresa, más lenta, con los ojos enrojecidos y las manos entrelazadas a la altura del pecho, como si hubiera pasado todo el camino rezando sin darse cuenta, pidiéndole a Dios que no la c