CAPÍTULO — Un paso adelante
Gabriel estaba sentado frente a la computadora, pero no veía nada de lo que aparecía en la pantalla. Su trabajo le llevaba todo el día y se hacía la noche; dormía un poco y seguía. Con una taza de café que iba y venía entre sus manos.
Los números, los correos, los informes abiertos uno detrás de otro se acumulaban sin sentido, como si pertenecieran a otra vida. Sus inversiones crecían día a día, pero su vida ahora estaba suspendida. Afuera, la noche caía lenta y dentro del departamento solo se escuchaba el zumbido bajo del aire acondicionado y el latido insistente de su propia culpa.
No sabía cómo llegar a Carolina de nuevo.
No sabía cómo hacer para que lo perdonara.
Ni siquiera sabía si tenía derecho a intentarlo.
Había hecho todo lo que creyó correcto… y aun así, había llegado tarde.
El celular vibró sobre el escritorio. Gabriel lo miró de reojo antes de atender. Cuando vio el nombre, el corazón le dio un vuelco.
—¿Betina? —dijo enseguida.—