CAPÍTULO — La noche sin bastón
Carolina Fontes estaba despierta, aunque no lo sabía por la luz —porque no la veía—, sino por el silencio distinto de la habitación del hospital, ese silencio que solo existe de noche, cuando los pasillos se vacían y los sonidos se vuelven más íntimos, más reales, casi confesionales.
A su lado, en la cama angosta, su madre dormía. Carolina no la miraba porque no podía, pero la sentía con una claridad que le dolía: sentía su respiración lenta, pareja, ese aire tib