CAPÍTULO — Cuando la verdad llega tarde
Gabriel la buscó apenas pudo.
No había planeado ese momento, porque nunca existe un instante justo para pedir perdón por una verdad que se calló demasiado tiempo. Él lo sabía mejor que nadie: había verdades que lastiman incluso antes de ser dichas.
Caminó por el pasillo del hospital con el pecho apretado. Vio a Betina hablando en voz baja con Ignacio. Él ya se iba a la empresa; los papeles estaban firmados, la decisión tomada. Antes de irse, Ignacio le había dicho a Gabriel que él se haría cargo de todo.
Gabriel esperó. No quiso interrumpir.
Cuando Ignacio se despidió, Gabriel se acercó a Betina.
—¿Puedo entrar a verla? —preguntó, casi en un susurro.
Betina lo miró un segundo largo. Después asintió.
—Entrá… pero con cuidado.
Gabriel dio dos golpecitos suaves en la puerta.
—Permiso.
Entró.
Carolina estaba sentada en la cama. Tenía los ojos cubiertos por la venda; era el segundo día después de la operación. El rostro pálido,