Capítulo — La Noche que Cambió Todo
Carolina jamás imaginó que ese viaje de negocios pudiera transformarse en algo tan distinto, porque después de confirmar que el supermercado estaba finalmente estabilizándose, que los números empezaban a mejorar y que la tormenta parecía amainar, sintió que por primera vez en semanas podía respirar sin que el pecho le pesara como una piedra. Gabriel, que la observaba desde hacía horas con una mezcla de alivio discreto y adoración, percibió ese cambio mínimo pero real: la forma en que ella relajaba la mandíbula, la manera en que sus ojos recuperaban un brillo casi imperceptible pero vivo, un movimiento más suelto del cuerpo que le aflojaba el alma a él, un hombre que venía arrastrando culpas y verdades que todavía no encontraba el valor de entregar.
Mañana —pensó, mientras la veía—, mañana sí le voy a decir todo, porque sentía que ella merecía escucharlo despierta, tranquila, con los pies firmes, no medio dormida entre sus manos como la noche anteri