El salón, por un instante, quedó suspendido en un silencio espectral, como si el mundo entero hubiese dejado de girar. Pero la calma fue efímera.
El murmullo creció como una marea imparable, voces indignadas que se alzaban como cuchillas en el aire denso de la revelación.
—¡Era su hijo! Y ese hombre lo negó…
—¡Qué clase de padre hace eso! Ni siquiera fue a su funeral… ¡Pobre niño, murió sin el amor de su propio padre!
—Dicen que todo fue por una aventura con esa mujer… ¡Destruyó su familia por