98. Un pacto en llamas
POV IRENE SAINT
Las semanas posteriores a la cirugía se habían convertido en un ritual silencioso entre Alessandro y yo. Habíamos insistido, noche tras noche, con una mezcla peligrosa de deseo y esperanza, buscando crear vida entre sombras y promesas no dichas.
Eduardo, el médico que me trata, se ha mostrado optimista en cada uno de los pasos que hemos dado. He seguido al pie de la letra el tratamiento: inyecciones hormonales diarias para estimular la producción de óvulos, controles constantes, paciencia y fe.
Aun así, aquella mañana, al ver la mancha oscura en mi ropa interior, sentí cómo algo se quebraba dentro de mí. Era la advertencia silenciosa de mi cuerpo: el periodo estaba cerca.
El fracaso rozándome la piel.
La desilusión fue inmediata, amarga. Pensé que, una vez más, no lo habíamos logrado. Sin embargo, no dejé que la esperanza muriera del todo.
La fecundación in vitro seguía en pie.
Cuando salí del baño, Alessandro me miró. No fue una mirada común. Fue una eval