POV ALESSANDRO BALESTRI
He sonreído al ver cómo Mónica perdía la compostura —su orgullo hecho trizas ante nosotros—; lo que Irene le había dicho fue apenas el aperitivo de la venganza que se avecina.
—Mónica —dije con voz templada pero fría—, he regresado. Esta vez pagarás por lo que le hiciste a mi madre.
Ella me miró con desprecio, la boca dibujando una mueca cruel.
—¿Tú? Eres un bastardo, un fruto vergonzoso de un desliz de mi esposo. No te creas con derecho a exigir nada.
Sus palabras