Esa misma noche, Roberta habló con su hermana sobre lo que tenía en mente, aunque Nora no se mostró del todo convencida.
—Ya le pagamos una mald¡ta escuela solo para que nos llamen constantemente con quejas, ¿y ahora quieres enviarla a una universidad de ricos? ¿De dónde crees que vamos a sacar ese dinero? —le reprochó su hermana con fastidio.
—Con los trabajos que he estado haciendo últimamente, podemos empezar a ahorrar —insistió Roberta—. La gente sigue viniendo por curas, amuletos y hechizo