El abuelo se ve saludable. Está sentado en la camilla esperándome. Ya no está pálido ni conectado a esa maraña de cables que tenía antes. ¿Cómo es posible que una simple bebida lo haya estabilizado tan rápido? Definitivamente, esto era brujería.
—Pasa, Zara —me dice al verme parada en la puerta sin atreverme a entrar—. Siéntate a mi lado.
Sonrío y me acerco, obedeciendo su petición. Cuando ya estoy junto a él, se instala entre nosotros un silencio incómodo, y no sé por dónde empezar. Pero enton