Llevaba poco más de tres meses en ese lugar y realmente no entendía su labor en dicho sitio.
«¿Qué se suponía que debía hacer?», se preguntó por enésima vez.
Lo único que sabía era que no tenía permitido salir ni hacer preguntas.
Tenía una habitación personal con una cama grande y acolchada y todos sus caprichos a la palma de la mano si así lo quería.
Pero seguía rondando en su mente la misma pregunta…
¿Por qué?
Anastasia no lo entendía.
Ese hombre era un completo misterio que se moría de ganas