—Por favor, no le hagas nada —suplicó Adhara, refiriéndose a Emily—. Déjala ir, Esteban. Esto es entre tú y yo solamente.
El hombre pareció pensarlo, mirando a la enfermera con una mueca de desagrado.
—Si la dejo ir me denunciará —no pareció estar de acuerdo con su exigencia.
—¡No lo haré, se lo juro! —habló la mujer con voz temblorosa. Suplicando por su liberación.
—¡Mientes!
—Esteban —le llamó Adhara al ver que su atención se centraba en la persona menos indicada—, por favor, no hagas algo de