86. El festín de los dos
—No tenemos toda la noche, humana… —insistió Valdimir para que la muchacha se apresurara.
Aelina tuvo que hacer un esfuerzo admirable para no poner los ojos en blanco al escuchar la voz autoritaria e impaciente de Valdimir. En su lugar, con una gracia que parecía desafiar la tensión del momento, enderezó su espalda, creando una línea recta y orgullosa desde la base de su cuello hasta la curva de su cintura. Alzó el mentón en un gesto de dignidad silenciosa, con sus ojos brillando en una mezcla d