187. Lágrimas de Sol y Luna
Theodor, con un gesto de su mano, alteró la escena que presenciaban. De pronto, la perspectiva cambió drásticamente. Ya no se encontraban observando la batalla desde lo alto de la imponente estatua del dios del sol, sino que ahora estaban inmersos en el corazón mismo del conflicto. A pesar de estar rodeados por el caos y la destrucción, su presencia era etérea, como la de fantasmas silenciosos que no podían interferir en los eventos que se desarrollaban ante sus ojos.
En medio del tumulto de la