105. El Abrazo de los Hermanos
Aelina se cubrió la boca con horror, incapaz de apartar la mirada de la brutal escena que se desarrollaba ante ella. El pequeño Valdimir luchaba con todas sus fuerzas contra los cuatro atacantes, pero la batalla era terriblemente desigual. Los lobos lo mordían y arañaban, sus garras dejando profundos surcos sangrientos en la piel del niño. Los gritos de dolor de Valdimir resonaban en la habitación, mezclándose con los gruñidos de los lobos y el tintineo de las espadas.
—¡No quiero ver! —exclamó