Mundo ficciónIniciar sesiónNarra Adriana:
Le veo salir de la habitación con ojos llorosos y es inevitable no llorar también. Nadie está listo para despedir a un ser querido, menos a uno tan buena persona como lo es el señor George.
—¿Cómo está? —pregunto, ayudándole a quitarse la ropa de quirófano.
—Delicado, no respondió, aunque asumo a que se debe a los medicamentos.
Asiento y me cruzo







