Mami.
Narra Adriana:
El sol de la mañana entra brillante y con fuerza por las ventanas y me despierta de un sueño profundo. A mi lado, Jeremiah está rendido y ronca suavemente desde su almohada. Sonrío y le acaricio la barba con cariño, peino sus cejas y su cabello, contemplándolo. Es tan guapo, tan dulce, que a veces me sorprendo de que se haya fijado en mí, que soy un tanto más sencillo. No es que tenga problemas de autoestima ni mucho menos, pero sé que mi belleza no es llamativa como la suya. Pa