Borrando con besos.
Narra Adriana:
Me pongo de rodillas frente a él y le miro a los ojos, con fiereza. Echo mi pelo hacia atrás y en su mirada se ve el deseo, más ardiente que nunca. Entonces, lo tomo entre mis manos y comienzo a acariciarle con suavidad. Él cierra los ojos, casi derritiéndose por mis caricias, y antes de que pueda prevenirlo, lo acerco a mi boca, para degustarlo con mis labios.
Un gemido fuerte y largo se escapa de su garganta y eso me motiva más a intensificar mis caricias. Con mi lengua recorr