—¡No puedes hacernos esto, hijo!
—Lo estoy haciendo, vayan y hagan sus maletas, sé que han querido destruir a mi esposa y a mí, ya no lo toleraré más.
Piama y Miranda se miraron con dolor.
Subieron la escalera, estaban bien ofendidas.
Evan abrazó a Alba, la llevó a la habitación.
—Nadie durmió aquí, lo juro.
Ella sonrió, le creía, se recostó.
Evan bajó solo para revisar que las mujeres se habían marchado, ellas tenían dinero suficiente, él que su padre dejó a su viuda, tal vez no era una fortun