Amaranta volvió a casa, observaba a Diego arrullando a su hijo, le cantó una dulce canción, mientras el bebé se quedaba a dormir.
Incluso, Diego hizo que su trabajo asumiera a un reemplazo, porque èl solo quería cuidar de su esposa e hijo.
Ella sonriò al verlo. Luego dejó al bebé dormidito en su pequeña cuna.
—Juro que es idéntico a ti, será un niño muy guapo.
Amaranta rio, se levantó despacio y caminó hacia el cuarto de baño.
Diego la siguió, la ayudó a quitarse la ropa y a meterse en la tina.