Arturo no dejaba de beber, la música resonaba en alta voz, cuando Diego llegó.
Mirar a su hijo así fue deprimente. Su padre apagó el Estéreo.
Arturo le mirò enojado, estaba ebrio, pero al verlo se asustó.
—Padre… yo…
—¿Qué haces? Por Dios, ¡mírate! Ve a darte un baño y a dormir, mañana debes volver al trabajo.
—Yo sin Mia no puedo, padre, yo sin Mia soy nada.
Diego le mirò con rabia, lo tomó del cuello de la camisa.
—¡Eso no lo pensabas cuando la insultaste!
—¡Soy un imbécil, pensé lo peor y me