—¡¿Ahora tendremos un bastardo en la familia Santalla?! —exclamó Enrique.
Amaranta le escuchó hablar, sintió rabia de sus palabras.
—Yo también soy una bastarda, Enrique, no sería el primero, pero si quieres ofender a un niño, hazlo a mí —dijo Amaranta.
Enrique se quedó mudo ante su ataque.
—Amaranta…
Enrique sintió las manos de Jorge sobre su cuello.
—¡No te metas con mi hijo! —gritó Jorge.
Jerónimo intervino.
—¡Ya basta! Dejen las peleas, no las toleraré.
Ambos se miraron, dejaron de pelear.
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