Jerónimo dio un paso atrás, la miraba incrédulo, negó.
—Mónica, tú… ¿Eres mi hija?
—¡Yo soy tu hija! Esa a la que maldijiste, a la que humillaste y abandonaste, ¡esa soy yo! En cambio, ¿acaso no aceptaste a Amaranta como tu propia hija? Ni siquiera pudiste tener un poco de amor por mí, pero sí por una ¡bastarda! Eres un ser maligno, Jerónimo, por eso te he destruido. Mira lo que hice, ¿Enrique no es ahora un criminal? Tu esposa, ¿dónde quedó? Mira lo que hizo el dinero contigo —dijo con una sonr