Mariza les mirò con rabia, estaba a punto de estallar, no podía más, sentía el corazón roto otra vez, sin embargo, vieron como Jorge se alejaba de esa mujer, empujándola con fuerza, por lo que Eva casi caía al suelo.
—¡¿Qué te pasa?! ¡No vuelvas a besarme! —reclamó
Mariza y las mujeres escucharon eso a la perfección, ella sonriò, se acercò lento hacia ellos.
—Eva, ¡ay, Eva! Lo siento mucho, pero, si vas robando besos a maridos ajenos, vas a vivir muchos rechazos, querida.
La mujer la mirò con