Mariza sintió que su corazón latió con fuerza, ella se abrazó a su cuerpo, no quería perderlo, no quería que nadie les hiciera terminar.
Jorge tomó su mano, la llevó hasta la habitación.
—Promete que no hablarás con ese hombre, no soporto la idea de que esté cerca de ti, tengo miedo de perderte.
Ella acarició su rostro.
—No me perderás, yo te amo, Jorge.
Èl sonriò, recordó que estuvo a punto de perderla, ahora se sentía de nuevo seguro de su amor.
—Yo lucharé por ti, incluso contra el mundo ente