—Sabes en qué te estás metiendo, ¿cierto?
Asiento a Helena.
—No va a ser fácil, pero es lo que tengo que hacer —la miro unos segundos —no tengo nada que perder.
—Solo tu vida —dice en tono seco.
Hago una mueca.
—Ayer arrebaté una.
Ella asiente y no parece sorprendida.
—Lo sé y lo lamento. Pero, ¿quieres que te diga algo? —continúa —lo que estás viviendo ahora, yo lo viví —abro los ojos un poco sorprendida —sé lo que es arrebatar una vida.
—¿Tú…?
Asiente.
—No me siento orgullosa. Pero me defendí